Llegué a la ciudad la noche anterior cerca de las 2:00, mis tiempos pasados resonaban en la memoria como un estrepitoso estruendo, pero necesitaba avanzar en mi conocimiento, necesitaba recorrer cada recoveco de este mundo que ahora se postraba ante mí para tomar de él cada gota de conocimiento. Me entró sed.
Una vez allí, y tras saciarme con la cálida y dulce sangre que manaba con la inocencia propia de la niña que apagaba su infancia ante mi, me dirigí inmediatamente hacia mi apartamento, situado en una zona central y concurrida de la actual Nueva York.
Pese a esto he de destacar que me gusta la intimidad y la independencia que se obtiene viviendo alejado del ganado, o como se empeñan en llamarlos, humanos, yo, sin embargo, desprecio su existencia, es tan simple y banal, son tan vulnerables y torpes… viven creyéndose conocedores de todos los conocimientos y sin embargo se regodean en su ignorancia. Si, lo sé, se lo que estáis pensando, he perdido ciertos valores que puede que en un futuro añore, o al menos eso es lo que nos enseñan, pero de momento…Disculparme, pero sería delito expresar como me sentía.
Desperté al día siguiente, rodeado entre las sombras que se formaban en paredes, puertas y techos, debido a los decorados de las cortinas y al recorte de los muebles en la nada. Tras vestirme me dirigí hacia el exterior, comprobando que en el suelo se extendía un sobre dentro del cual había una nota dónde se me requería en una dirección que no conocía…tenía que presentarme ante el príncipe de la ciudad.
Sin más contemplaciones me puse en marcha, llegando tras circular por una tediosa y alterada Nueva York a un local llamado “Blood School”. Tuve que entrar por la puerta trasera, siguiendo las indicaciones de uno de los “matones” de la entrada.
Me encontraba en un lugar hecho por y para vampiros, o al menos eso parecía , era un tanto extraño, pero sin más dilación subí las escaleras y entré en la estancia salvaguardada por otros dos “gorilas”, dando lugar así a mi presentación con el príncipe, fría y rápida. Como ya me habían avisado, no era un tremere…
Descendí las escaleras y me dirigí hacia la barra, dónde se me ofreció un chupito de sangre que acepté con gusto, esa noche aún no había cazado. Tras esto empecé a sentirme mareado y pasados unos minutos me percaté de que necesitaba sangre, intenté dominar a la camarera para que me sirviera otro pero el intento fue fallido, me debilitaba por segundos y necesitaba beber, corrí hacia el exterior y busqué una víctima. Ésta no estaba alejada del resto por lo que me concentré todo lo que pude para llevar a cabo una dominación exitosa, incluso creo que entrecerré los ojos…lo siguiente que recuerdo es mi cabeza golpeando contundentemente contra el suelo…
Cuando desperté me encontraba maniatado y con los ojos vendados, ¿Que clase de ciudad era esta?... pensé en una manera de liberarme de la venda, pero antes de que pudiera darme cuenta y tras escuchar algo que parecía un rugido de….(no, no puede ser)…. Alguien lo hizo por mi, se trataba de una mujer….efectivamente estaba en lo cierto, el rugido provenía de un asqueroso lupino que estaba encadenado como nosotros en una habitación que pretendía ser nuestra cárcel y en la cual, además de la mujer y yo, se encontraban otros vástagos también presos. Cerca del cánido, pude observar, una llave y una tarjeta y supuse que había que acceder a ellas, pero ¿Cómo?
La misma mujer que me había liberado de la venda que me cubría los ojos, utilizó sus disciplinas para conseguir la llave, aunque siendo rozada por las fauces del “sin-cerebro”, acto seguido nos liberó…la cuestión ahora era alcanzar la tarjeta sin ser alcanzado por los dientes del monstruo.